LA VERONESE 2017

HAY UNA MUJER …


Que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.
Una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de una abuela y en la vejez ante una necesidad trabaja con el vigor de la juventud.
Una mujer, que si es poco instruida, descubre con más acierto los secretos de la vida que un sabio, y si es muy instruida se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer, que siendo pobre se reconforta con sus afectos, y siendo rica daría con gusto sus tesoros por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud, o el sufrimiento de un semejante.
Una mujer que siendo fuerte, se estremece con el llanto de un niño, y siendo débil se reviste a veces con la bravura de un león o la resistencia del hierro.
Una mujer que mientras vive no la sabemos valorar en toda su dimensión, porque a su lado todos los dolores se superan y nos estimula en nuestro crecimiento, pero después de muerta daríamos mucho de lo que poseemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un abrazo, por escuchar de sus labios una palabra de aliento, un beso. Muchas veces recordamos cuanto tiempo desperdiciamos. y no nos detenemos a pensar que puedo hacer por mi madre, o como mejorar nuestro diálogo. Y como última descripción cualquier nombre de mujer le cae bien.   ¡Es la Madre!



LÁGRIMAS DE MUJER


“¿Por qué lloras mamá?” le preguntó un niñito a su madre.
“Porque soy mujer” le contestó la mujer.
“Pero, yo no entiendo”, dijo el niño.
Su madre se inclinó hacia él y abrazándolo le dijo, “Y nunca lo entenderás”…

Más tarde el niñito le preguntó a su padre: “¿Por qué mamá llora a veces sin ninguna razón?”.
“Todas las mujeres lloran siempre sin ninguna razón”. Era todo lo que el padre le podía contestar.

El pequeño niño creció y se convirtió en todo un hombre, preguntándose todavía por qué era que las mujeres lloraban.

Un día el niño convertido en hombre se arrodilló y le preguntó a Dios:
“Dios: ¿Por qué lloran tan fácilmente las mujeres?”

Y Dios le dijo :
– Cuando hice a la mujer tenía que ser algo especial. Hice sus hombros suficientemente fuertes como para cargar el peso del mundo entero, pero a la misma vez lo suficientemente suave para confortar a quien lo necesite.
– Le di una inmensa fuerza interior para que pudiera soportar el dolor de dar a luz y hasta el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos.
– Le di una fortaleza que le permite seguir adelante y cuidar a su familia a pesar de las edades y la fatiga y sin quejarse aun cuando otros se rinden.
– Le di la sensibilidad para amar a un niño bajo cualquier circunstancia, aun cuando su niño la haya lastimado mucho. Esa misma sensibilidad que hace que cualquier tristeza, llanto o dolor del niño desaparezca y que le hace compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia e incluso de la edad madura…
– Le di la fuerza suficiente para que pudiera perdonar las faltas a su esposo y la moldeé de una de sus costillas para que ella pudiera cuidar de su corazón.
– Le di sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y a veces le pongo pruebas para medir su fuerza y su determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo.
– Le di lágrimas de las reales que brotan de ella exclusivamente cuando su ser necesita expresarse más allá de las palabras.
– Esa es su única debilidad… lágrimas que piden perdón por los errores y la dureza del corazón de la humanidad”.

Le doy gracias a Dios por haber creado a la mujer. Le doy gracias a Dios por mi madre, mis hermanas, mis hijas, mis amigas, mis primas…

Y... a esos hombres que tienen mujeres en sus vidas, que aprendan a valorarlas y a conocerlas en la dimensión en que Dios las creó.


El amor cuánto más se reparte, más se tiene. Mujer no hagas de tu cuerpo, la tumba de tu alma. Gracias por darme la vida y cuidármela. ¡FELÍZ DÍA!


Para acceder a los escritos de años anteriores: http://www.laveronese.com.ar/lavidriera/madre/madre.htm